Argumentos
La italiana en Argel
L'italiana in Algeri

ACTO I.-

Cuadro I. Pequeño salón del palacio del bey. Elvira, acompañada de Zulma y rodeada de eunucos, se queja de que su esposo no la ama y de la pobre suerte de las mujeres en tierras de infieles. Entra Mustafá, quien se niega a aceptar sus razones, seguido de Haly. Cuando el bey y su secuaz se quedan solos, el primero le ordena que le traiga a su presencia a Lindoro, al que obligará a casarse con Elvira. Luego le dice a Haly que tiene seis días para conseguirle una esposa italiana. En caso contrario, lo mandará al cadalso. Cuando el escenario se queda vacío, aparece Lindoro y se queja de la lejanía y del tiempo que lleva separado de su enamorada. Entra Mustafá y le pregunta a su esclavo si le gustaría casarse. "Tendría que reunir muchas cualidades", le responde. Una tras otra, el bey las va enumerando mientras el pobre muchacho se encuentra cada vez más entre la espada y la pared.

Cuadro II. Una playa de Argel, a lo lejos se ven los restos de un naufragio. Isabella, víctima del desastre y rodeada por los piratas argelinos que se apoderan del botín del barco hundido, se lamenta de su suerte, aunque pronto se da cuenta de que resulta mucho más importante en este momento saber cómo salir con bien de la situación en que se encuentra, que seguir echando de menos a su amado y extraviado Lindoro. Los piratas descubren que la acompaña un anciano, Taddeo. Isabella afirma ser su sobrina, lo que no es cierto, y que ambos proceden de Italia, lo que llena de felicidad a Haly, quien le promete a la muchacha ser la favorita del harén. Cuando Taddeo e Isabella se quedan solos discuten. El viejo le echa en cara el haberse aprovechado de su amor para ir en busca de Lindoro y añade que ya está harto de esta situación. Ambos deciden separarse, pero al instante se dan cuenta de que sacarán mejor partido de todo estando juntos y haciéndose pasar por tío y sobrina, que no cada uno por su lado. Cuando el escenario se queda vacío, entran Mustafá y Lindoro. Aquél le cuenta al joven que un buque está a punto de partir para Italia. Si acepta casarse con su esposa, podría cogerlo. Aparece Elvira, quien no quiere abandonar a su esposo, pues todavía lo ama. En este preciso instante, vuelve Haly y le comunica al bey que ya ha encontrado a la italiana de sus sueños. Mustafá se regodea de gozo ante la perspectiva de amar a una mujer tan fogosa.

Cuadro III. Gran salón del palacio del bey. Mustafá, rodeado de su corte de eunucos, se prepara para recibir a Isabella. Cuando ésta entra, no puede reprimir una sonrisa ante la cara del bey, aunque decide aprovecharse al máximo de la situación, mientras Mustafá se siente verdaderamente enamorado de su belleza. Entra Taddeo y sigue fingiendo que es el tío de la muchacha. Mustafá lo manda a la horca, pero cuando Isabella le dice que es sobrina de él, le perdona la vida, mientras Haly se burla del miedo del anciano. Aparecen Elvira, Lindoro y Zulma con el propósito de despedirse del bey. Isabella y Lindoro se reconocen, aunque lo disimulan. Reina la confusión general. Isabella se entera de que Elvira se ve obligada a casarse y marcharse con Lindoro. Entonces exige que la mujer se quede y que el joven sea su criado particular. Luego añade que promete enseñarle buenas maneras al bey. Mustafá no sabe cómo complacerla mientras la italiana asegura que terminará siendo su esclavo.

ACTO II.-

Cuadro I. El mismo decorado del cuadro I. Elvira, Zulma, Haly v el coro de eunucos comentan el cambio de carácter de Mustafá, cuando entra éste y ordena a las mujeres que vayan a decirle a Isabella que dentro de media hora quiere tomar café con ella. Salen todos y aparecen Isabella y Lindoro. La muchacha le reprocha el querer casarse con Elvira. Cuando el joven le explica lo sucedido, ambos deciden planear la huida de Argel. Al quedarse solo, Lindoro canta su alegría por haber encontrado a su amada. luego sale. Mustafá aparece seguido muy de cerca por Taddeo, el que se queja de que Haly insista una y otra vez en cortarle la cabeza. El bey le dice que se equivoca, ya que aquél lo buscaba por orden suya para nombrarle su gran kaimakán, título que equivale a lugarteniente. Taddeo, mientras le visten con las galas de tan alto puesto piensa que si se niega a aceptarlo lo más seguro es que termine en la horca. Por ello, decide asumir tan ilustre papel.

Cuadro II. Isabella en sus habitaciones se acicala, mientras ordena que preparen café para tres, ya que Elvira estará presente, aunque no le guste al bey. Luego le enseña a ésta cómo debe manejar a los hombres. Mustafá, que acaba de llegar, se une a Lindoro y Taddeo en el elogio de Isabella. Luego, en un aparte, le dice al fingido tío que quiere quedarse a solas con la muchacha. Para ello, estornudará en un momento determinado. Cuando Isabella se acerca, Mustafá le cuenta el nombramiento de Taddeo como prueba del amor que siente por ella, cosa que la muchacha acepta graciosamente. Lindoro hace la alabanza de su forma de vestir, Mustafá comienza a estornudar; Taddeo se hace el sordo, mientras Isabella y Lindoro se burlan de los dos tontos. En el momento de servir el café, Isabella le dice a Elvira que su esposo la invita a compartir con ellos la bebida, lo que hace que Mustafá rabie de furia.

Cuadro III. El mismo salón del principio del acto. Haly canta la sabiduría de las mujeres italianas para engatusar a los hombres. Tras marcharse, aparecen Taddeo y Lindoro. Aquél, ya enterado del plan de fuga, le confiesa al joven que no es el tío sino el amante de Isabella, lo que hace sonreír a Lindoro. Se aproxima Mustafá muy enojado con Isabella por la escena del café. Lindoro, para calmarlo, le cuenta que todo es parte de las pruebas que la muchacha quiere que pase para poder pertenecer a la orden italiana de los Pappataci (come-y-calla), de la que son miembros todos los hombres casados de su patria. Mustafá, halagado, aunque sin entender nada de lo que pasa, pregunta qué es tal cosa. Lindoro y Taddeo se lo explican en un jocoso número.

Cuadro IV. El aposento de Isabella del cuadro II. Taddeo y Lindoro comentan los preparativos de Isabella para la fuga: la mujer se llevará consigo a todos los esclavos italianos del bey, los que, además, tomarán parte en la ceremonia de admisión de Mustafá en la orden de los Pappataci. Isabella apela al sentido patriótico de sus coterráneos. Lindoro anuncia la llegada de la cofradía. Mientras visten a Mustafá con las insignias propias de la orden, la mujer lo obliga a jurar que cumplirá los deberes de un pappataci: comer y dormir. Taddeo se ocupa de enseñarle el ritual, mientras Isabella le somete a la prueba de verla hacer carantoñas a Lindoro. Aunque la primera vez fracasa, Mustafá pronto comprende que su deber es comer y callar, cosa que hace acompañado de Taddeo. Se acerca el barco que habrá de llevar a Italia a todo el grupo de esclavos. Isabella y Lindoro escapan, mientras Taddeo trata de llamar la atención de Mustafá, quien, obedientemente, sigue comiendo y callando. Cuando todos le cuentan la huida ya es demasiado tarde. Prefiere entonces quedarse con su esposa Elvira que con todas las italianas del mundo. La ópera acaba con todo el mundo contento y feliz, menos Taddeo, que no sabe si quedarse o marcharse con sus compatriotas.

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