Argumentos
Katia Kabanová
Káťa Kabanová

Acto I
La ópera se inicia a orillas del Volga frente a casa de los Kabanov. Estamos en la soleada tarde de un día festivo y el mecánico Kudriash insta a la sirvienta Glasha para que admire el paisaje. Llega el viejo comerciante Dikoi, reprendiendo a su sobrino Boris al verle tan desocupado. Pregunta por Kabanija, la matriarca viuda de los Kavanov, y sale en su busca. Boris confiesa a Kudriash que debe soportar a su tío si quiere recibir la herencia familiar. Surge a continuación en las trompas un tema relacionado con Katia, y el joven confiesa al mecánico su amor por una mujer casada que llega en ese momento. Mientras suena ese tema dentro de un breve interludio de aire pucciniano, ambos contemplan la entrada de Katia que sale de misa junto a su marido Tijon, su suegra Kabanija y Varvara, la hija adoptiva de los Kabanov. Kabanija insta a su hijo Tijon para que vaya al mercado de Kazán y le echa en cara que prefiera a su esposa frente a su propia madre. Tijon lo niega y Katia le dice que ella es como su madre, utilizando un tono lírico que contrasta con el recitativo rasgado y nervioso de su suegra. Tijon reconoce amar a las dos, lo que desata la ira de su madre. Varvara defiende a Katia y, a solas, expresa su afecto por ella. La escena termina con un intermedio que retoma en disminución el motivo inicial del preludio.
La acción se sitúa ahora en la intimidad de la casa de los Kabanov. Arabescos de violines y flautas imitan sones de pájaros, mientras Katia cuenta a Varvara lo despreocupada que era su vida antes de casarse. Recuerda su rutina diaria y sus trances místicos en la iglesia, desarrollando la melodía inicial hasta un clímax en el que confiesa sentirse atraída por otro hombre. Varvara la anima a encontrarse con él, palabras que provocan en ella una violenta angustia. Suena un fragmento del motivo del carruaje que indica la inminente partida de Tijon, y Katia le pide que no se vaya o que la lleve con él. La incomprensión del marido provoca una insistente disonancia en la orquesta que representa la desgracia que Katia le vaticina si se marcha. Entra Kabanija para anunciar a Tijon que todo está listo para su partida y le dice que ordene a su mujer cómo comportarse en su ausencia; deberá respetar a su suegra, trabajar y no mirar a los jóvenes. Vuelve el tema del carruaje, y Katia se despide efusivamente de Tijon lo que ofende a Kabanija; el acto termina con una representación sonora del trágico destino de la protagonista.
 
Acto II
Estamos al final de la tarde del mismo día; Katia, Kabanija y Varvara bordan tranquilamente en casa y la música alterna un tema doméstico de las flautas con otro obsesivo del oboe. Kabanija increpa a Katia por no respetar la tradición de mostrar tristeza ante la partida del marido y sale con orden de que nadie la moleste. La música adquiere un aire desenfadado y Varvara entrega a Katia la llave del jardín que ha robado a su madrastra. En un intenso monólogo Katia se debate entre respetar a su marido o ir a ver a su amante; escuchamos la lucha entre los temas doméstico y obsesivo del principio, gana su obsesión amorosa y sale. Entra Dikoi, al que habíamos escuchado llegar poco antes fuera de escena, acompañado por Kabanija; el viejo comerciante viene algo bebido y trata de descargar su conciencia con la matriarca viuda de los Kabanov. Ella le increpa al ver su debilidad pero termina en sus brazos; la escena adquiere un leve tono cómico que contagia el breve intermedio que le sigue.
El cambio de escena sitúa la acción la misma noche, aunque fuera del jardín de los Kabanov; la introducción prepara el encuentro amoroso entre Katia y Boris, alternando un tema inquietante con otro lírico. Llega Kudriash y canta una animada canción popular mientras espera a su amada Varvara; aparece Boris y le cuenta que una chica le indicó ese lugar para encontrarse con Katia. Se escucha a Varvara que se aproxima cantando otra canción popular sobre el tema doméstico anterior, le dice a Boris que ella acudirá y se va con Kudriash hacia el río. El joven sobrino de Dikoi se queda petrificado al ver a Katia y escuchamos el tema inquietante una y otra vez. La joven rechaza a Boris atemorizada por el pecado, mientras él le declara su amor. Poco a poco el tema lírico vence a la inquietud y Katia se funde con Boris en un apasionado abrazo. Varvara vuelve con Kudriash, mientras los otros dos enamorados se van a dar un paseo, y comenta su plan para que Kabanija no se entere de lo ocurrido. Se hace tarde, Kudriash avisa a los enamorados para que regresen y se despide de Varvara compartiendo con ella una canción popular. Katia y Boris regresan, y el acto termina en una mezcla de fragmentos musicales cromáticos que combinan pasión y ternura.
 
Acto III
Han pasado varios días y la acción se traslada ahora a las ruinas de un edificio cercano al río. Es casi de noche y estalla la tormenta; en la introducción la orquesta imita el sonido recurrente de la lluvia. Kudriash y su amigo Kuliguin se refugian de la tormenta junto a más gente y llega Dikoi poco después; el viejo comerciante defiende con violencia ante el mecánico que las tormentas no son otra cosa que castigos divinos. Al dejar de llover, Dikoi sigue su camino. Aparece Varvara y llama a Boris entre el gentío; le confiesa aparte lo trastornada que está Katia tras la vuelta de su marido. Varvara oculta a Boris al ver llegar a Katia, cuyo comportamiento llama la atención del gentío. La joven ve a su enamorado y no puede más; al llegar en ese momento Dikoi, Kabanija y Tijon, Katia se dispone a confesar públicamente su infidelidad. Se escucha entonces el tema de la tormenta cada vez más rápido y con mayor intensidad; Katia confiesa su encuentro con Boris y huye, estallando en ese momento la tormenta con violencia.
El cambio de escena nos lleva a orillas del Volga unas horas más tarde. Vemos pasar a Tijon y Glasha en busca de Katia.
A continuación llega Varvara con Kudriash y, temerosa de la reacción de su madrastra, éste le propone huir juntos a Moscú. Salen felices mientras escuchamos en la lejanía a Tijon y Glasha llamando a Katia. Entra la protagonista y se lamenta de su confesión. Tras un profundo monólogo, durante el cual escuchamos los canturreos de Kuliguin y el coro misterioso de las voces del Volga, llega Boris y se produce el ansiado reencuentro con Katia en medio de un clima de consumación musical en el que ambos funden sus voces. Sigue un delicado interludio orquestal que enlaza con las disculpas de Katia por su confesión y la situación de ambos; Boris será enviado por su tío a Siberia y Katia deberá seguir soportando a su suegra y a su marido. Invade la escena un clima de irrealidad, marcado por los suspiros corales del Volga con una figura disonante y recurrente en la orquesta, y Katia le pide que dé limosna a los mendigos que encuentre en su camino. Boris se marcha apenado y Katia se sume en un delirio naturalista en el que sueña con los pájaros y las flores sobre su tumba; suenan trinos en la madera sobre un fondo de timbal. Katia muere en el Volga y su suicidio causa estupor entre los vecinos; la música se intensifica y escuchamos los motivos del preludio en un tono grotesco. Aparece Tijon apesadumbrado y culpa a su madre de lo ocurrido, mientras Kabanija se muestra impasible y trata de mantener las apariencias; el coro cierra la ópera en fortísimo sobre una brutal disminución del motivo del destino.





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