Argumentos
Don Pasquale

Acto primero


Cuadro Primero: Casa de Don Pasquale
El rico septuagenario Don Pasquale ha decidido casarse y desheredar a su sobrino Ernesto, quien se niega a tomar por esposa a una viuda que el tío le propone. Ernesto argumenta que tiene su palabra empeñada con Norina.
El doctor Malatesta, amigo y confidente de Ernesto y médico de Don Pasquale, en conocimiento de los deseos del anciano, se propone gastarle una broma y le ofrece por esposa a su hermana Sofronia, quien en realidad no es otra que Norina, la novia de Ernesto. Don Pasquale, muy ilusionado con el proyecto de Malatesta, da la noticia a su sobrino quien, sorprendido por lo inusitado de tal decisión, no toma en serio las afirmaciones de su tío. Pero luego, convencido y desconociendo la trama urdida por Malatesta, se abandona a la desesperación.

Cuadro Segundo: Casa de Norina
Norina lee una historia amorosa y al mismo tiempo coquetea, jactándose de los atractivos y de las virtudes que posee. En el preciso momento en que le entregan una carta en la que Ernesto le confía la realidad de su situación, llega el doctor Malatesta para proponer a la joven su plan de presentarla como hermana suya al rico Don Pasquale.
Norina encuentra este proyecto muy de su agrado y acepta la proposición del astuto Malatesta. Este la instruye sobre el comportamiento que deberá observar para conquistar a Don Pasquale y luego, al convertirse en su esposa, enloquecerlo con sus caprichos y extravagancias.

Acto segundo
Ernesto, dispuesto a abandonar la casa de su tío, se lamenta de su difícil situación. Poco después llega Malatesta, acompañado por la falsa Sofronia. Bien aleccionada, Norina despliega todas las artes de la seducción. Don Pasquale, encantado por la gracia y la timidez de la novia, desea concretar rápidamente la boda. Norina accede, dando muestras de sorprendente docilidad.
Entra Ernesto para despedirse de su tío y al ver a Norina queda sorprendido y desilusionado. Pero al instante la joven y Malatesta le revelan el plan que ya ha comenzado a ponerse en marcha. La farsa continúa. Una vez firmada el acta matrimonial, Norina se convierte en dueña y señora de los dominios de Don Pasquale. De la fingida timidez pasa rápidamente a la arrogancia y al despotismo. Sin consultar a su marido, reclama la presencia del mayordomo y luego de doblarle el sueldo, le encomienda la tarea de aumentar el personal, pues desea una servidumbre joven y numerosa. Encarga más coches y caballos y ordena la renovación del mobiliario y los adornos de la casa, eligiendo además a Ernesto como acompañante, ya que, según ella, Don Pasquale es demasiado viejo para acompañarla en sus paseos.

Acto tercero


Cuadro Primero: Casa de Don Pasquale
La casa se ha convertido en un verdadero infierno para Don Pasquale. Su flamante esposa no repara en gastos y las cuentas se multiplican, cada vez más exageradas.
Norina aparece elegantemente vestida y al ser interrogada por su marido, responde que esa noche ha decidido ir al teatro. Don Pasquale le dice entonces que no podrá salir sola sin su autorización, la cual le niega rotundamente. Discuten y en el calor de la pelea Norina abofetea al desolado marido. Al salir, la muchacha deja caer furtivamente una carta. Don Pasquale no tarda en enterarse del contenido. Un anónimo adorador de su esposa le propone una cita en el jardín para esa misma noche. Don Pasquale manda llamar a su médico y amigo para que venga en su ayuda y juntos traman la venganza. Al retirarse Don Pasquale, la servidumbre comenta jocosamente la situación que impera en la casa y las continuas reyertas que provocan las extravagancias de la señora. Al observar el deplorable estado físico y anímico de Don Pasquale, Malatesta confiesa su arrepentimiento por los resultados de la broma. Don Pasquale le informa detenidamente de las penas que lo atormentan: el doctor finge en un principio no creer en las acusaciones del anciano, pero finalmente se muestra convencido y ambos deciden trasladarse al jardín para sorprender a los enamorados.


Cuadro Segundo: El jardín
Ernesto entona una serenata y al eco de su voz se une pronto Norina en embelesado coloquio. Llegan Don Pasquale y Malatesta. Ernesto huye al advertir la presencia de su tío y Norina protesta descaradamente, negando que allí haya estado un hombre.
Don Pasquale quiere deshacerse de su inquietante esposa, pero ésta se opone a las decisiones de su marido, recordándole que ahora es ella la dueña de la casa. Malatesta decide por fin poner orden en tan confusa situación y anuncia a Ernesto, que se presenta en ese momento, que ya podrá casarse con Norina.
El doctor revela entonces la verdad: Sofronia no es otra que Norina. Ante la sorpresa de Don Pasquale, le dice que Sofronia está muy tranquila en su convento y que por lo tanto el matrimonio es nulo. Don Pasquale, feliz al verse liberado de tan infernal pesadilla, no tarda en autorizar el matrimonio de los jóvenes, que imploran su perdón. Todos los personajes unen sus voces en la exteriorización de una moraleja que exalta el triunfo del amor y la juventud.

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