Argumentos
Sansón y Dalila
Sanson et Dalila

Acto primero

Plaza en la ciudad de Gaza

Los hebreos, prisioneros de los filisteos, invocan al Señor y se lamentan de sus desdichas. Sansón, su caudillo, se presenta para infundirles ánimo y esperanza. Sus fervorosas palabras hacen renacer los anhelos de libertad y todo el pueblo ensalza, en un cántico vibrante, el triunfo vislumbrado por el héroe.
El tumulto atrae a Abimeleck, sátrapa de Gaza y jefe de los filisteos, quien impone silencio a los cautivos, increpa a Sansón e insulta al Dios de Israel, lo que indigna y enfurece a los prisioneros. El juez hebreo, inspirado por místico fervor, entona un himno de victoria, incitando valientemente a los suyos a la rebelión. El pueblo se subleva. Abimeleck ataca a Sansón, pero el vigoroso caudillo lo desarma, y lo mata de un solo golpe. Los hebreos, radiantes de alegría, salen clamando venganza, capitaneados por el héroe vencedor.
El Gran Sacerdote de Dagón aparece en la puerta del templo, hasta donde ha llegado el rumor de la lucha. Se asombra al ver el cadáver de Abimeleck y su furor aumenta al enterarse, por el relato de un mensajero, del desastre sufrido por los filisteos. Sansón, al frente de los israelitas, siembra el terror y la muerte a su paso. El Gran Sacerdote maldice a los hebreos y sale precipitadamente, seguido de sus acompañantes, en busca de un seguro refugio en las montañas.
Amanece. Van llegando ancianos judíos que ensalzan al Señor, en acción de gracias por la victoria. El pueblo hebreo goza de su felicidad, pero la venganza empieza a prepararse: bellas mujeres, sacerdotisas de Dagón, acuden para agasajar simuladamente a Sansón, que regresa triunfante. Todo es obra de Dalila, quien aparece en las gradas del templo, deslumbrante de hermosura, y saluda al héroe con cautivadoras frases. A pesar de las advertencias de un anciano hebreo, Sansón siente una irresistible fascinación.
Dalila, dulce y voluptuosamente, canta al amor y a la naciente primavera. Luego regresa al templo, dejando en el alma de Sansón un angustioso anhelo.

Acto segundo

En el valle de Sorack, junto a la morada de Dalila

Anochece. Dalila espera a Sansón. Invoca al amor para que venga en su ayuda a fin de obtener la victoria sobre ese hombre a quien, como jefe de un pueblo odiado, aborrece más que a ningún otro en la Tierra. A lo lejos amenaza la tempestad, presagio de tragedia. Llega el Gran Sacerdote, quien viene a estimular el odio de Dalila hacia los hebreos. Ella, con su belleza, puede ser la vengadora de los filisteos.
Sus planes son compartidos por Dalila y ambos juran la muerte del jefe de los hebreos, alejándose satisfecho el sacerdote. Dalila, sola, espera ahora la llegada de Sansón. Por unos instantes duda de las promesas del héroe, pero éste no tarda en hacerse presente. Involuntariamente, sus pasos lo han conducido hasta la morada de Dalila. Esta va a su encuentro segura de su triunfo. Sansón le declara su pasión y su dicha al creerse amado, pero también los remordimientos de su conciencia: Dalila es enemiga del pueblo hebreo y del Dios de Israel. Dalila vuelve a poner en juego todos sus hechizos para persuadir a Sansón de que le revele el secreto de su fuerza irresistible. Sansón rehusa confesar su secreto, pidiendo fuerzas a Jehová con una vehemencia que amenaza la propia seguridad de Dalila. La bella filistea lo desprecia entonces, llamándolo cobarde y hombre sin corazón, indigno de su amor, y se refugia en su casa en el instante en que estalla la tempestad. Sansón, abatido, sostiene una terrible lucha consigo mismo. Quiere huir, alejarse para siempre de aquellos lugares, como si lo asaltara un fatal presentimiento, pero se lo impide el recuerdo obsesionante de Dalila. Al fin, enloquecido de pasión, penetra en la morada. Soldados filisteos que rodeaban sigilosamente la casa, corren a un llamado de Dalila para apoderarse del héroe israelita.

Acto tercero

Cuadro Primero: La prisión de Gaza

Sansón, ciego, cortada su larga cabellera -razón de su fuerza invencible- y encadenado a la rueda de un molino, mezcla la voz de sus sufrimientos a los lamentos de su pueblo. Sus acentos revelan dolor, humildad y arrepentimiento.
La voz del pueblo, eco desolado del infortunio, reprocha a su conductor por haberlo abandonado a su suerte: "Sansón, qué has hecho de tus hermanos. ¿Qué has hecho del Dios de tus padres?..."
Cuadro Segundo: Interior del templo de Dagón.
Los filisteos se encuentran reunidos en el templo para festejar su triunfo celebrando una bacanal en honor del dios. Entra Sansón, guiado por un niño, y los filisteos lo hacen objeto de sus burlas. Dalila brinda por él, desgarrándole el alma al revelarse la crueldad de su fingido amor. Desesperado, Sansón ruega a Dios que le devuelva, aunque sea por un instante, la fuerza que lo convirtiera en terror de los filisteos. Dalila y el Gran Sacerdote rinden homenaje a Dagón. Sansón pide al niño que le sirve de lazarillo que le guíe hasta las columnas del templo. Cuando se encuentra entre los pilares despide al niño y eleva hacia Dios su invocación vengadora. Recobra de pronto su fuerza y al impulso que el héroe imprime a las columnas centrales, se derrumba el templo. Bajo sus ruinas perece Sansón con todos los filisteos.

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